Podría ser que me encontrase a mi mismo en un futuro lejano, un futuro que hoy es presente, habiendo viajado ya tanto tiempo, años, y hoy distante del lugar del que partí, muy distante en este lugar donde las leyes que solían ser convencionales en mi antigua vida aquí son tímidas estructuras carentes de un sentido concreto.
No hay sorpresas aparentes en este cielo violeta que constantemente resplandece en tonos inimaginables, golpeado eternamente aún en este ecuador por la infatigable, violenta estrella sobre la que orbita este planeta tan frio. Recuerdo cuando llegue y me parecía maravilloso poder ver el majestuoso espectáculo de las auroras (que aquí cubren todo el globo) a cada instante, hoy parece tan ordinario, igual que la increíble variedad de tubérculos provenientes de la pequeña luna, esa que de día es marrón y de noche es como una bola de fuego.
Aquí frente a estos monstruosos acantilados, mismos que podrían devorar mundos enteros… me pregunto el por qué de mi huida, me pregunto el por qué de mi cobardía y me pregunto si algún día volveré.
Recuerdo que el día en que escape (aterrorizado) había una tormenta como ninguna que hubiese visto hasta entonces, en un momento de arrogancia (un momento muy absurdo) imagine que eran los cielos llorando mi partida… y ya pudiendo ver la curvatura del planeta me sentí tan solo por no tener la certeza de pertenecer a ningún lado, en esa línea imaginaria que no me dejaba ver los límites de mi hogar, encerrado, pero comprendí entonces que era libre y que en el universo había un lugar para mí y me propuse encontrarlo.
Con nuevos ánimos, aunque con aquel dejo de melancolía en mente...
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