…fue en ese suspiro que te deje ir, fue ahí, fue cuando en el límite de mis emociones encontradas estuve a punto de… pero no lo hice.
Regresaste en un sueño, distinto, renovado, con ánimos de hacerlo de nuevo, con una gran sonrisa. Yo desconfiado me acerque y dentro de mi se formularon muchas preguntas, demasiadas. El ocaso entonces fue próximo, muy cercano, bastante cercano. Recordar, recordé entonces cuales fueron los motivos, esas las grandes premisas, las grandes razones, el por qué.
Y con serena calma volví, porque en ese regreso, en esa gran vereda supe que en realidad nunca estuviste ahí conmigo, ahí a mi lado y aunque sé que te vi, la frustración no existía, se había ido, se fue contigo desde aquel día, desde aquella noche de Noviembre y aunque ese día supe que era el último, tus fluctuaciones por cierto tiempo no me permitieron continuar y ese cariño que sentía por ti, que sentí por ti, siempre estuvo presente con profunda indignación de mi lado conciente y su contraparte vivió engañada teniendo fe y creyendo en tu regreso, hasta otra noche en donde entendí, en donde tuve claro que tú no eras para mi y en el recuento observe claramente todo… y fue ahí cuando comencé a odiarte, a borrar cualquier rastro tuyo, a eliminarte, y hoy no sé si en verdad lo he logrado.
Esta madrugada de Enero he tenido un deseo…
Y si…
Porque de mi boca jamás volverá a escucharse tu nombre, porque desde hace tiempo perdió la razón de ser el nombrarte, el dirigirme a tu humanidad inerte enclavada en imágenes abstractas.
Y mis ojos nunca jamás en esta vida han de volver a mirarte, porque entonces habrán de perderse de nuevo en ese gran misterio que representa tu singular figura, y con indignación volvería la incógnita, esa gran indescifrable variable en hasta ese día mi perfecto orden.
…Y algún día volverás a saber de mí…
En esta tarde de Marzo
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