Hoy quiero hablarles de un tema quizás trillado, o de esos que en twitter etiquetarían como #CosasQueANadieLeImportan “La Indiferencia” ¿Qué es la indiferencia? Si buscamos en el diccionario la definición nos dirá que es un sentimiento que se caracteriza por no tener una postura definida hacia una persona u objeto. Está íntimamente ligada a la apatía sin ser esta de carácter clínico, que a veces dudo y las evidencias pudieran sugerir que esa falta de interés es netamente clínica y por lo tanto incontrolable, quizás únicamente curada con medicamento, ya que la apatía en su nivel más bajo está relacionada con la depresión leve.
¿Cómo un ente orgánico pensante, poseedor de la capacidad divina de saberse consciente de su propia existencia “a voluntad” elige “ignorar” esas cosas o personas que de uno o de otro modo están conectadas íntimamente con su vida? Evidentemente lo digo porque estas cosas o personas son materia con las que se está en contacto, con las que se construyen proyectos (estoy omitiendo todo aquello que en verdad no está en contacto con el individuo y no le afecta ni en una ni en otra forma) aunque hay quienes creen que todos estamos conectados, desde el punto de vista evolucionista ciertamente así es, todos los seres orgánicos sobre la tierra compartimos en nuestro ADN elementos (información) en común, un origen.
Entonces dejando de lado esa creencia de que todos estamos conectados y que todo nos afecta directa y en su mayor parte indirectamente (como el calentamiento global) vayamos a un contexto un poco más particular. ¿Cuál es ese detonador que hace ser a alguien indiferente? Un hombre o mujer en sus tempranos años de desarrollo, desde el nacimiento quizás hasta la adolescencia, es particularmente receptivo, y en ese previo a la edad adulta (una etapa más evidenciada por otra serie de cambios hormonales, químicos básicamente) pareciese lo contrario, no sólo no somos indiferentes a la mayoría de las cosas, pareciera todo afectarnos de modo a veces distorsionado.
Resulta pues lógico creer que la indiferencia se desarrolla en la adolescencia, como un método eficaz en contra de la decepción, en contra del dolor. Es decir, ¿cómo podría afectarte algo que te es indiferente? Pero es un arma de doble filo, realmente no puede dañarte algo o alguien (Al menos afectivamente) que no te importe, sin embargo podría ser esta misma “omisión” (darle una concepción positiva o negativa a las cosas y o personas) la que nos privaría quizás de vivir algo muy bello, intenso o educativo, una experiencia única, negamos pues esa posibilidad de experimentar en pro de una falsa felicidad.
No comments:
Post a Comment