Thursday, September 01, 2016

Something between the end

La semana pasada terminé un rompecabezas, con ayuda por supuesto. Es el cuarto rompecabezas que llevo en el año o que llevamos, los primeros tres fueron armados junto con mis roomies. Los cuatro han sido de mil piezas y el quinto va a ser de dos mil, ya lo tenemos, sólo es cuestión de ponerse de acuerdo y empezar. Siempre es tan difícil iniciar las cosas.

Lo mismo pasa cuando deseo escribir y es que soy fanático del formato, amo escribir en editor de texto, mis especificaciones generales siempre son las mismas. Orientación de la página vertical, márgenes en formato normal es decir; superior e inferior a 2.5 centímetros, derecho e izquierdo a 3 centímetros, la sangría siempre es en primera línea a 1.25 centímetros, es espaciado es antes a 0 puntos y después a 8 puntos, el interlineado es múltiple a 1.08 (sea lo que esto signifique) la alineación es siempre justificada y es que a quién le gusta ver sus párrafos con altas y bajas (visto de lado) como si fueran barras de un ecualizador, sé que es una tontería.


los progresos en las tecnologías nos han hecho dependientes

 La fuente no importa mucho siempre y cuando sea algo clásico y básicamente estilizado, el tamaño de 9 a 11 puntos está bien porque me gustan las letras pequeñas, adoro las fuentes cuya tipografía vintage emule aquellas máquinas de escribir mecánicas, lo cual trae a mi memoria una pequeña anécdota en donde mi primer contacto con el mundo de las letras o el plasmarlas fue a través de una máquina de escribir mecánica, no era tan vieja, era una Brother eléctrica pero seguía sonando escandalosamente como las máquinas de escribir meramente mecánicas, incluso me atrevería a decir que hacía más ruido porque  el regreso de la página al principio del párrafo era automático, recuerdo muy bien que los cartuchos de tinta que en realidad era un cartucho de cinta de carbón ya eran insuficientes para mí, quizás no escribía tanto y no escribía nada realmente relevante como tal vez lo hago en este mismo instante pero en ese entonces como ahora esos consumibles no duraban nada, lo cual es coherente con nuestro mundo utilitario y materialista. Dicho lo anterior me obliga a recomendarles un documental muy bueno acerca de esa “obsolescencia programada” creo que se llama Comprar tirar comprar o algo así, se encuentra fácilmente en YouTube o en TVE, les dejo el link.

Continuando con los inicios y la dificultad de empezar algo, mi creencia más extendida es que dicha renuencia es por ese miedo primigenio que uno como ser humano tiene, y también por la pereza manifiesta que poco a poco se ha vuelto inherente a nosotros mismos y contradictoriamente por nuestra misma culpa es presente en estos tiempos, es decir; los progresos en las tecnologías nos han hecho dependientes y efectivamente nos facilitan la existencia, pero a un costo altísimo, esto ya lo he dicho en ocasiones anteriores, la pereza es uno de esos costos.

Al tiempo de escribir este presente ensayo, breve ensayo o simple escrito hable con un amigo y comento que “el error radica en querer hacer cosas para las que no estamos preparados” palabras más o menos, existe una gran verdad en ese enunciado, pero quién realmente ésta preparado para hacer cualquier cosa, entonces la respuesta es hacer lo que netamente estamos preparados a hacer, pero acaso no es el anhelo el que nos lleva a realizar esos “imposibles” esos que no estábamos preparados. Sé que las historias de fracaso fascinan al colectivo y es genial ver al fénix renacer de las cenizas porque en la vida real lo más insignificante nos destruye.


La motivación va ligada de la esperanza

 Pero entonces porque nos es difícil empezar algo, sólo por ese miedo primigenio o es que somos conscientes que no estamos preparados para hacerlo, los miedos se vencen arriesgando y perdiendo, enfrentándolos. Siempre existe ese impulso, ese evento químico que se desencadena y nos hace iniciar, la motivación. La motivación va ligada de la esperanza, cuando iniciamos el armado de los rompecabezas más allá del entretenimiento existía la motivación de ver la pieza concluida, la imagen completa. 

            Las técnicas utilizadas fueron desde separar las piezas con alguna cara recta para ensamblar el margen, la exclusión de formas extrañas, las piezas de tonos parecidos, los figuras grandes o destacadas en la escena completa, etc. A pesar de que el tiempo fue un factor importante, no era trascendente. El disfrutar el armado fue en muchos casos más satisfactorio incluso que la conclusión del mismo rompecabezas.

La clave está en fijar el objetivo, pero no sólo eso, hay que tener la motivación. He llegado a la conclusión de que la motivación además de ser inherente al deseo tiene como combustible un enorme número de emociones, la motivación puede ser el orgullo, la ira, el amor, el placer y otras tantas cuyo fin incluso nos avergonzaría aceptar. La dificultad en los inicios es entonces además de la pereza la falta de objetivos, pero sobre todo de motivación. En este mundo donde los satisfactores están por todas partes y la tecnología sustituye muchas funciones mecánicas y cognitivas, todo ya está dado y el proceso de aprendizaje se elimina, qué satisfacción puede existir en eso, como en el caso del rompecabezas la satisfacción se encuentra en el proceso no tanto en el objetivo.

Vienen dos mil piezas, una tras otra hasta formar un ente completo, queda disfrutar el trayecto, perder el miedo y vencer la pereza más allá de las técnicas. Empezamos con mil piezas, quizás mañana sean más, las formas se van perfeccionando y los retos son siempre mayores, tienen que serlo. Todo entonces tiene un principio y también un final, es emocionante llegar a ver la obra completa.  

1 comment:

Josh said...

El documental que citas es en realidad brutal, retrata lo que como sociedad nos ha hecho tener la cultura de "úsese y tírese" muy recomendable.

Coincido totalmente contigo el proceso es aquello que debemos disfrutar más y en lo que debemos enfocarnos, armar el rompecabezas suscita tantas cosas, la convivencia, el descubrir habilidades que ahí están pero no usamos a menudo, trabajo en equipo, perseverancia y tantas cosas más, que hacen de algo que pudiera parecer tan "simple" algo tan increíble y solo vivirlo te da la perspectiva adecuada.

Hablar del comienzo como algo a lo que le tenemos miedo (y más allá de ello también tenerle miedo a la obra terminada) me lleva a la conclusión de que el motivo debe ser el proceso en sí. No hemos explotado las capacidades inherentes que tenemos que son muchísimas y por vivir el proceso debemos vencer ese miedo (alcanzar la energía de reacción es más complicado que la reacción en si) de iniciar, y al final perder el miedo de lograr aquello que nos parece "imposible".