Thursday, December 31, 2015

Thirty part One (Almost nine)

A unas horas de finalizar el año tengo diversos pensamientos a manera de reflexiones, ya alguna vez había mencionado aquella estupidez de los recuentos y del porque uno tiene la necesidad de ellos. En fin, hagamos un recuento escueto de este año que se nos va. En este año cumplí TREINTA AÑOS, 2015 se nos va con todo y mis veinte años (sí, soy un niño del terremoto de 1985) y la pregunta es ¿Qué hice de esos veinte? de esa década que obviamente ya no volverá.

VEINTE

Podría bien hacer no sólo una publicación entera describiendo mis veinte años sino un libro entero, un anecdotario en varios volúmenes, quizás. Pero básicamente es un recuento solamente de 2015 y eso implica que a bien puedo describir mis veintinueve años, no más. Mis veintinueve años están marcados por... LA TREMENDA ESTABILIDAD EN TODOS LOS SENTIDOS, A mis veintinueve años logré alcanzar una estabilidad nunca antes vista, en todos los terrenos, laboral, amoroso, pasional, económico, etcétera. 

He de confesar que de alguna manera esa estabilidad alcanzada no era algo que me hiciera realmente feliz, siempre he sido un hombre de caos, un hombre en busca de emociones mas o menos fuertes sin rayar en lo ridículo o lo absurdo, de hecho el tipo de emociones que me encantan van mas de la mano con la interacción con otros seres humanos. Yo vivo fascinado tratando de entender a la gente y a la par descifrando mi propia estructura básica. A veces (casi siempre) creo que amo perder el tiempo y como a bien tuvo un buen amigo afirmar, soy un amante de las relaciones y no de las personas.

Mis veintinueve se me van de las manos en un suspiro que anhelo atrapar en el aíre, y me da una nostalgia infinita eso que no pude descifrar. En ese encontrar (o reencontrar) de mis sentidos veo que no me alcanza la vida para conocerme. Me vi envuelto en un conformismo con mi propio ser, rayaba en lo enfermizo y a ratos en lo absurdo. Supongo que soy un alma muy vieja que escogió un camino bastante raro para seguir ese aprendizaje. 

Y es que miren que vivir en estos tiempos es bastante complicado, el presente nos tiene una gama ilimitada de deshumanizados complementos que van desde la antiquísima radio, pasando por la tv hasta el Internet y lo que vienen a ser sus engendros malditos mal llamados REDES SOCIALES, y digo mal llamados porque realmente no son sociales sino son insignes muestrarios del egoísmo, egocentrismo y demás del "ser humano" no son mas que puentes entre el YO Y LA NADA.

Entendí que las buenas costumbres y los buenos modos mueren con el devenir de los años y que mi visión de la realidad cada año se distrofia mas, que siempre fui un niño muy aburrido y un adulto bastante alegre (entre comillas) saben algo... siempre fui muy complicado.

Al llegar a los treinta esa "estabilidad" se rompió totalmente dando un giro extraordinario a mi vida, yo insistí en llamarlo CRISIS DE LOS TREINTA pero seguramente sólo fue una mas de mis estupideces, eso el tiempo me lo dirá.

NUEVE

Terminé el año cerrando un capitulo en mi vida de casi nueve años, uno que se llevo mis veinte años en casi su totalidad. Por mucho la historia mas maravillosa de mi vida, pero que se fue desgastando gradualmente y en donde yo siempre termine humillado. Lo cierto es que había alcanzado un confort bastante agradable lo cual nublaba hasta cierto punto mi juicio y me confundía el distinguir entre la felicidad y la estabilidad en todos los sentidos.

Siempre fui muy razonable y no voy a negar que en una relación las elecciones se vuelven colectivas y los frutos son compartidos. Sin embargo, yo nunca fui el de la iniciativa en lo trascendente, lo fui en lo material. Eramos un buen complemento, eramos el ejemplo y la envidia de muchos. Pero todos tenemos un límite, ese punto al que nunca quise llegar y que a bien tuve augurar ya en tiempos pasados, llegó.

De igual forma esos casi nueve años no podrían ser descritos en unos cuantos párrafos, me llevaría tomos enteros el poder siquiera acercarme a describir lo que fue, la mas grande de mis historias. Ese último año no fue tan malo debo aceptarlo, amaba salir a cenar a Santa Fe y al cine en funciones después de las diez de la noche aunque no fuera tan seguido.

Esos nueve se van con mis hijos, Camila y Datón. Camila una perrita criolla muy traviesa que siempre se emocionaba al verme. Datón un gatito persa, el mas tierno y hermoso de todos los gatos que jamás conocí, Datoncito tuvo un triste final que enmarca esa ruptura en mi vida, quizás resintió la mala vibra o fue capricho del destino que se nos fuera acostado, así como si durmiera, en paz.

Lo que aprendí ese último año y me quedó muy claro, es que las palabras duelen mas que los golpes y esas no se borran tan fácilmente y que para armarme de valor necesite tocar fondo, y hasta ahí me llevaron sus palabras.

Me queda la promesa de una vida mejor, una que me hizo Jorge en sueños. Me quedan los recuerdos, esos que duelen, pero que también me hacen reír. Me queda la madrugada que me despierta y se ensaña casi llegada el alba, me quedan los números de mi constancia y la alegría de saber que entre todas las cosas fallidas de mi existir por lo menos el estar con él me salió bien. Y a pesar de todo fui muy feliz.


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