…cuando miras a través de mi; asiendo un tiempo inexistente, un presente ficticio y una vida entera…
Qué difícil es escribir acerca de ti, de tus caricias, de tus olores, de tus besos, del sabor de tu cuerpo acompañado con vodka. Cuando acostado en el pavimento miras al cielo despejado, frío, lleno de luces; esperando quizás que algo sorprendente ocurra sin avisar, que ese titilar sin fin muera de repente. Esperando que el fin del invierno llegue y no se marche con el corazón otra vez.
Aquí junto a la ventana que trae ese olor a tierra mojada, esa luz que anuncia la llegada del ocaso deseando tanto el alba de la nueva primavera. Solo, en retrospectiva haciéndome daño con estos ejercicios de lírica, irónica. Esperando que ocurra un milagro, uno ya anunciado desde tiempos lejanos, uno que todos saben que pasara.
Aquí, moribundo mirando la galaxia que recorre el cielo nocturno, sintiendo la ira de los dioses. Destruyen mundos enteros a placer y tú conmigo en el pensamiento como un infame deseo inalcanzable, idealizando el momento, ese inexistente ese que es ficticio.
-Sin saberlo, tú sientes lo mismo, soy tu infame deseo, soy tu milagro anunciado y sientes la ira de los dioses.
La galaxia nos observa y se ríe, no puede entender por qué nuestras semejanzas nos separan y nuestras diferencias nos unen. Pero las estrellas no saben del dolor, del deseo, del amor; conocen de la física divina de la existencia sin embargo la simplicidad del ser humano escapa a su lógica.
Me abrazas y puedo sentirlo, sé que no estaremos así mucho tiempo y trato de conservar el momento en un recuerdo que desafíe al tiempo, sé qué harás lo mismo. Quedas mudo cuando intentas decirme cuánto me amas esperando que sea yo el primero en decírtelo, si supieras cuantas veces estuve a punto lanzarme a tus brazos y besar tus hermosos labios.
El viento fresco de la madrugada invernal te trae de vuelta, puedo amarte y lo haré hasta saciarme, bésame como nunca antes besaste a nadie, te tocaré como nunca nadie antes te ha tocado, mi lengua conocerá todos tus pliegues. Imaginemos una vida juntos sólo está noche, que la galaxia nos juzgue y se burle, que nuestra noche durará más que las estrellas.
La primavera casi llega, las horas de este invierno son pocas y corren lentamente dejando escapar un suspiro helado. Tú amor, tú aquel, tú hijo del invierno hagamos del frío nuestro cobijo bajo la mirada celosa de las luces que titilan. No puedo tenerte por siempre, te marcharas con el primer destello de la mañana y el lucero del horizonte guiara tu camino; en el equinoccio encontraras la muerte y con ella mi deseo.
Aquí, soñando despierto que soy diferente, que soy tu complemento, que existen esas diferencias. Allá tú aún impregnado de mí, queriendo no quererme, negando el pasado. La necesidad vuelve con la distancia, y yo tratando de convencerme de que no te amo.
Los dioses gozan al ver cómo nos ignoramos, al ver como el hijo de la primavera nos ha separado; carcajean cuando dices que te gusta otro, cuando intento ignorarte, cuando quieres borrar mi recuerdo indeleble, cuando me acuesto con alguien más pensando sólo en ti y dos y tres ya no me son suficientes para amainar esta hoguera.
Cenizas soy retando al cosmos a romper el tiempo, en fuego me convierto al final del día, de madrugada vivo entre sueños, caricias y besos. Se ríen de mí y pretendo ignorar las burlas. Mírame y di que no me amas, puedo asegurarte que me marcharé enseguida, pero no me pidas que yo te lo diga.
Hoy he visto que lo nuestro es imposible y que esa necesidad no es más fuerte que el respirar y sentir el sol en la piel o bañarse con la lluvia. Que tu deseo no es amor y que no es más real que un mundo utópico al otro lado de la vía láctea, que tus caricias no encierran ningún misterio y mis susurros no viven más allá del ocaso. Tu apariencia y tu engaño.
Desaparece entre las luces de la ciudad y nunca jures nada ni con una mirada, guardaré el secreto de esa madrugada y ni las estrellas con sus suaves coqueteos descifrarán este silencio. Que tu fin se consume con unas palabras, una sonrisa discreta se desvanezca en las sombras y los sonidos se pierdan en el espacio sin tiempo.
Recorre el cielo nocturno preguntándose por qué no podemos estar juntos.