Y Dios lo hizo morir durante cien años…
Y luego lo animó y le dijo: -¿Cuánto tiempo has estado aquí?
-Un día o parte de un día, respondió. 1
Pero ocurrió a la inversa…
Vi toda mi vida pasar en unos segundos, y sólo sentí lo que es no sentir nada, no recuerdo nada más que el hecho de que no estuve aquí, sé que te vi sin saber cómo, porque la ida fue muy extraña pero lo fue más el regreso, el sonido se fue y la luz no existió, porque en ese mar de imágenes nada fue lineal y si hubo esa constante… tú. Me pregunto cuán importante eres para mi (y yo sin saberlo conscientemente, no totalmente) que de “eso” sólo sé que te vi a ti. No importa cómo.
Porque te amo y aunque no estoy seguro de ello, sé que conocía tu rostro antes de nacer, sé que sabes eso de mí que ni siquiera yo sé, sé cuánto te esfuerzas y sé que no he sabido ser agradecido, sé que sabes cuánto te quiero, sé que sabes de lo que soy capaz y más aún de lo que no lo soy y a veces (casi siempre) me empeño en negarlo.
Amo tu sonrisa, tu mirada compasiva y esa que luego me mata, tus palabras dulces y esas que tampoco olvido por lo hirientes que han sido, porque eres la única que sabes cómo hacerlo. Tus caricias que dicen más de lo que nunca jamás podré expresar con palabras. Te amo, de principio a fin, porque eres una en mil millones. Porque Dios me puso en tu camino y yo sé que Dios me puso en el tuyo…
No tengo la certeza de ello, fuiste lo primero en mi mente y mi corazón, y cuando muera sé que serás lo último. Y si en esta vida tuviera una sola oportunidad de ese deseo expreso (ese que todo mundo anhelado aunque sea una sola vez en su vida) ese seria estar junto a ti hasta el final de los tiempos…
1. El milagro secreto. Jorge Luis Borges
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