Y como no acordarse de los procesos expeditos, de las largas caminatas "infinitas", de la emoción (de ese desvelo). Del horizonte moteado, del apuro violento, del tiempo despreciable… Sí, de ese tiempo inexistente.
Se decía entonces que nada nos importaba y que todo saldría bien, que todo podíamos hacer, que éramos capaces de todo, el mundo era nuestro y le pertenecíamos al mundo, en la sincrónica ironía, armoniosa y cruel mano del destino infame.
Cuantas maldiciones no pesaban sobre ti, sobre nosotros, no eran destellos y despliegues de terribles sentencias (de traidoras afirmaciones), eran piadosas visiones de remotos presentes, en aquellos entonces futuros lejanos. Hubo cosas que no nos pertenecían, y las palabras se quedan cortas ante tales actos, porque no existe definición alguna para tales vilezas, actos de rapiña.
Sombras y destellos, eso era lo único, tal vez por eso no existía la claridad (la conciencia) y la opacidad en las distancias… el eclipse de la media noche.
La seducción del toque helado del viento de las mañanas, de esas donde apenas asomaba el sol, benditas albas de historias confusas, de esperanzas difusas creadas en madrugada.
Es entonces… que todo se bifurcaba.
"Bifurcación" Ah, ahora recuerdo… Sí, también quisiera detener el tiempo y dormir cien años.
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