Wednesday, March 14, 2007

Confessions sixteen

Decidiste entonces llamar… Buscabas algo sin tener claro qué. Talvez porque no tenias nada que hacer, posiblemente porque en el transcurso de esas horas que para él fueron infinitas no pudiste dejar de pensar, de sentir, de imaginar todo aquello que para ti pudiera ser un futuro certero, de eso que no te quedaba claro, de todas las preguntas, de todas las explicaciones que querías darle, de todo, fue entonces que estuviste igual que él y entonces tus horas también fueron infinitas. Y llegó el día en el que te volví a encontrar, con una mirada profunda y una sonrisa abierta, con esa inocencia que siempre he de amar. Ya en el camino, con cierto tiempo de sobra continuabas con la incertidumbre de que habrías de lograr, de obtener, talvez deseando no perder más tu tiempo, creyendo que de cualquier forma no tenias nada que perder. Entonces tomaste la botella de agua y comenzaste el trayecto, y cuando lo esperabas tenías miedo, y fue cuando a lo lejos lograste percibir su silueta, enmarcada en la profundidad de aquella simetría contemporánea, y un montón de papeles fue la excusa adecuada, con una historia en común en una noche inexistente para ti. Y ahí estaba, a lo lejos, sentado esperándote a ti, sólo a ti. Notaste lo nervioso que estaba ya que no dejo de beber agua de su botella mientras hablaba, te llevo a un lugar extraño, a un lugar nuevo. Pero te llego el recuerdo de todo lo que sabías de él, y la incertidumbre fue mayor y a pesar de ello, aquello que conocías no te importo porque todo lo que hubo de decirte cambio en ese instante lo que creías de él. Comenzabas un nuevo ciclo, con ánimos de no fallar, con la certeza de que esta vez lo harías bien, pero, con la variable que aconteció cuatro días antes, cuatro días antes, cuando se suponía que no habrías de acudir, más aun cuando jamás ahí habrías de volver. Y en ese ocaso, con el ligero viento tocando su rostro, con las primeras estrellas asomando su eterno fulgor contemplaste el brillo en sus ojos y la sinceridad en sus palabras. Entonces en una llamada supiste que no eras ningún desconocido y que en esas horas infinitas habían sido igualmente compartidas. …con un abrazo supe que no podría dejarte ir y con un beso robaste mi corazón, eres dueño de mis pensamientos desde aquel día que como nunca nadie antes logró tocar mi alma, porque desde siempre lo supimos, talvez en una promesa en tiempos antiguos… Y hoy, estoy aquí de nuevo contigo.

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