La semana pasada terminé un rompecabezas, con
ayuda por supuesto. Es el cuarto rompecabezas que llevo en el año o que
llevamos, los primeros tres fueron armados junto con mis roomies. Los cuatro
han sido de mil piezas y el quinto va a ser de dos mil, ya lo tenemos, sólo es
cuestión de ponerse de acuerdo y empezar. Siempre es tan difícil iniciar las
cosas.
Lo mismo pasa cuando deseo escribir
y es que soy fanático del formato, amo escribir en editor de texto, mis
especificaciones generales siempre son las mismas. Orientación de la página
vertical, márgenes en formato normal es decir; superior e inferior a 2.5
centímetros, derecho e izquierdo a 3 centímetros, la sangría siempre es en
primera línea a 1.25 centímetros, es espaciado es antes a 0 puntos y después a
8 puntos, el interlineado es múltiple a 1.08 (sea lo que esto signifique) la
alineación es siempre justificada y es que a quién le gusta ver sus párrafos
con altas y bajas (visto de lado) como si fueran barras de un ecualizador, sé
que es una tontería.
los
progresos en las tecnologías nos han hecho dependientes
|
La fuente no importa mucho siempre y cuando
sea algo clásico y básicamente estilizado, el tamaño de 9 a 11 puntos está bien
porque me gustan las letras pequeñas, adoro las fuentes cuya tipografía vintage
emule aquellas máquinas de escribir mecánicas, lo cual trae a mi memoria una
pequeña anécdota en donde mi primer contacto con el mundo de las letras o el
plasmarlas fue a través de una máquina de escribir mecánica, no era tan vieja,
era una Brother eléctrica pero seguía sonando escandalosamente como las
máquinas de escribir meramente mecánicas, incluso me atrevería a decir que
hacía más ruido porque el regreso de la
página al principio del párrafo era automático, recuerdo muy bien que los
cartuchos de tinta que en realidad era un cartucho de cinta de carbón ya eran
insuficientes para mí, quizás no escribía tanto y no escribía nada realmente
relevante como tal vez lo hago en este mismo instante pero en ese entonces como
ahora esos consumibles no duraban nada, lo cual es coherente con nuestro mundo
utilitario y materialista. Dicho lo anterior me obliga a recomendarles un
documental muy bueno acerca de esa “obsolescencia programada” creo que se llama
Comprar tirar comprar o algo así, se encuentra fácilmente en YouTube o en TVE,
les dejo el link.
Continuando con los inicios y la
dificultad de empezar algo, mi creencia más extendida es que dicha renuencia es
por ese miedo primigenio que uno como ser humano tiene, y también por la pereza
manifiesta que poco a poco se ha vuelto inherente a nosotros mismos y
contradictoriamente por nuestra misma culpa es presente en estos tiempos, es
decir; los progresos en las tecnologías nos han hecho dependientes y
efectivamente nos facilitan la existencia, pero a un costo altísimo, esto ya lo
he dicho en ocasiones anteriores, la pereza es uno de esos costos.
Al tiempo de escribir este presente
ensayo, breve ensayo o simple escrito hable con un amigo y comento que “el
error radica en querer hacer cosas para las que no estamos preparados” palabras
más o menos, existe una gran verdad en ese enunciado, pero quién realmente ésta
preparado para hacer cualquier cosa, entonces la respuesta es hacer lo que
netamente estamos preparados a hacer, pero acaso no es el anhelo el que nos
lleva a realizar esos “imposibles” esos que no estábamos preparados. Sé que las
historias de fracaso fascinan al colectivo y es genial ver al fénix renacer de
las cenizas porque en la vida real lo más insignificante nos destruye.
La motivación va ligada de la esperanza
|
Pero entonces porque nos es difícil empezar
algo, sólo por ese miedo primigenio o es que somos conscientes que no estamos
preparados para hacerlo, los miedos se vencen arriesgando y perdiendo,
enfrentándolos. Siempre existe ese impulso, ese evento químico que se
desencadena y nos hace iniciar, la motivación. La motivación va ligada de la
esperanza, cuando iniciamos el armado de los rompecabezas más allá del
entretenimiento existía la motivación de ver la pieza concluida, la imagen
completa.
Las técnicas utilizadas fueron desde separar las piezas con alguna cara recta para ensamblar el margen, la exclusión de formas extrañas, las piezas de tonos parecidos, los figuras grandes o destacadas en la escena completa, etc. A pesar de que el tiempo fue un factor importante, no era trascendente. El disfrutar el armado fue en muchos casos más satisfactorio incluso que la conclusión del mismo rompecabezas.
Las técnicas utilizadas fueron desde separar las piezas con alguna cara recta para ensamblar el margen, la exclusión de formas extrañas, las piezas de tonos parecidos, los figuras grandes o destacadas en la escena completa, etc. A pesar de que el tiempo fue un factor importante, no era trascendente. El disfrutar el armado fue en muchos casos más satisfactorio incluso que la conclusión del mismo rompecabezas.
La clave está en fijar el objetivo,
pero no sólo eso, hay que tener la motivación. He llegado a la conclusión de
que la motivación además de ser inherente al deseo tiene como combustible un
enorme número de emociones, la motivación puede ser el orgullo, la ira, el
amor, el placer y otras tantas cuyo fin incluso nos avergonzaría aceptar. La
dificultad en los inicios es entonces además de la pereza la falta de
objetivos, pero sobre todo de motivación. En este mundo donde los satisfactores
están por todas partes y la tecnología sustituye muchas funciones mecánicas y
cognitivas, todo ya está dado y el proceso de aprendizaje se elimina, qué
satisfacción puede existir en eso, como en el caso del rompecabezas la
satisfacción se encuentra en el proceso no tanto en el objetivo.
Vienen dos mil piezas, una tras
otra hasta formar un ente completo, queda disfrutar el trayecto, perder el
miedo y vencer la pereza más allá de las técnicas. Empezamos con mil piezas,
quizás mañana sean más, las formas se van perfeccionando y los retos son
siempre mayores, tienen que serlo. Todo entonces tiene un principio y también
un final,
es emocionante llegar a
ver la
obra completa.