Hace ya algunas entradas atrás (enero de 2011) había escrito algo referente a la música, el
don que califique de divino que considero los compositores tienen, la
relevancia en nuestras vidas, lo absurdo de las comparaciones entre géneros
musicales, y la melomanía como patología, etc. Esta noche quiero hablarles de
esas asociaciones que hacemos con la música y los acontecimientos importantes
en nuestra vida, personas o simples y llanos momentos.
A quién no le ha pasado que al escuchar esa canción especial se les vienen a la mente esos recuerdos varios
que los ponen de buenas, de malas, los hacer sonreír o hasta llorar, acordarse
de alguien o de algo, bueno o malo, genial o pésimo. Quizás esa canción hasta
los haga bailar o los lleve a la rabia total o a una depresión repentina. Otras
melodías en su mayoría posiblemente no representen absolutamente nada a pesar
de tararear ciertas estrofas.
Qué ocurre en nuestro cerebro al asociar un sin número de elementos
con una composición musical, qué nos hace amar u odiar esas melodías en
determinados momentos y qué fue eso que en determinado momento grabo en forma
paralela y casi permanente esos elementos con la música. Podría ser un simple
proceso en el que no hemos prestado mucha atención en esa llamada construcción del conocimiento, tarea en
la cual sea dicho de paso han reparado filósofos desde tiempos ancestrales.
Estas asociaciones van más allá de una función geométrica entendible,
rayan en una metafísica divina, ignorada. En términos sencillos es simple
coincidencia o sólo volvemos a hacer una reconexión neuronal; pero todo esto va
más allá y observamos un fenómeno muy peculiar que es la conceptualización de
esos procesos en primera instancia inentendibles, términos tales como el Déjà vu (que explica un fenómeno psíquico)
o frases hechas como recordar es volver a
vivir (que explica una emoción), o
la solidificación de la memoria (que
es una técnica que por medio de los olores se intensifica o atenúa la memoria
del individuo) es decir; todo lo anterior pretende explicar esas asociaciones
que hacemos ya sea por medio de elementos que nos resultan familiares, por
olores conocidos y cuyo caso es fascinante porque es increíble que podamos
recordar un olor cuando cada neurona olfatoria presente en el epitelio es
reemplazada aproximadamente cada 60 días.
¿Son entonces estas asociaciones interacciones divinas? Cuando
escuchando una canción recordamos a alguien especial en nuestra vida que quizás
ya no se encuentre con nosotros bien podríamos considerarlo así, caso contrario
esa interacción es hasta diabólica. Cuantas parejas en este mundo no poseen una
canción especial, una que los remonte al inicio de su noviazgo, al día de su
compromiso, a su primera noche, etc. O que simplemente esa melodía por medio de
su letra te recuerde las virtudes o defectos de ciertas personas relevantes.
Bajo muchos entendidos es casi inevitable librarnos de asociar la
música a muchos aspectos de nuestra vida, situaciones, personas. Y no podemos
evitar llenarnos de gozo o de profunda tristeza al escuchar esa canción, la canción. La nostalgia
inunda de lágrimas los ojos al recordar tiempos mejores, una sonrisa discreta
se dibuja posiblemente como la sombra de una alegría infinita. ¿Podríamos dejar
de sentir eso que se siente al recordar? Somos capaces de superar muchas
desventuras en nuestro existir, no
olvidar del todo, eso quizás nunca ocurre.
En cualquier caso bien podríamos intentar reemplazar esos malos
recuerdos, sólo hablo del caso negativo porque quién querría deshacerse de sus
buenos momentos, nadie. Hoy en un ejercicio masoquista sugiero (una catarsis de
hecho) ponerle play a esa canción a la canción que nos recuerda a esa persona, situación (desventura) momento
(instante) puede ponerla al volumen que guste, lo ideal sería a un volumen medio
y si es con audífonos que mejor, apague las luces y póngase cómodo, lleve
consigo una almohada o cojín u oso de peluche es opcional, la verdad no se de
composiciones pero en su mayoría las canciones tienen un clímax, cuando llegue
a ese punto ya habrá recordado lo que lo trajo en un primer instante a elegir
esa melodía, o quien lo trajo a seleccionar esa canción. Golpee el cojín,
almohada u oso de peluche todo esto con los ojos cerrados, y visualice a esa
persona, dígale lo mucho o poco que significo en su vida y agradezca que para
bien o para mal lo que fue ya no es y déjelo ir.
¿Funciona? La verdad no sé, lo voy a intentar, no pierdo nada.
Mientras lo comprobamos dígame cuáles son esas canciones que lo remontan a
tiempos mejores, cuál es esa que lo lleva a las lágrimas y esa que le hace un
nudo en la garganta, esa que le dibuja una sonrisa perdida en la nada o esa que
habla de usted y de lo que pudo ser.
La música tiene esa capacidad, esos silencios y sonidos tienen nombre
y apellidos…