Sigue girando y girando, en un viaje que no tiene retorno. En una tierra extraña de aires viciados y ruidos aterradores. La soledad en este sitio… en aquella imagen sin sentido. Cuando me dices todo y no dices nada, las caricias se desvanecen en tardes marrones.
Este mundo es muy distinto al mío, aquí la atmosfera está permanentemente cargada de una estática singular, luces extrañas se aprecian en los horizontes aún siendo de día. Los mares perecen de aluminio pues ese fulgor no lo puede dar el agua y a pesar de su oleaje brusco pareciera que puedes caminar sobre él. Y sí, aquí te extraño.
Las noches congelan no sólo mi cuerpo sino también mis pensamientos y puedo ser feliz. La galaxia se ve tan distinta sin ti, puedo apreciar quizás el centro del universo mismo a pesar de no serlo, son un cumulo de miles de estrellas nada más. Recuerdo aquella estrella que me regalaste ahí donde nací ese lugar del que casi no tengo recuerdos, donde los días tienen veinticuatro horas.
La lluvia cae como granizo siendo aún liquida, como plomo fundido y en la superficie se agrupa en charcos como si fuese mercurio. Una de las tres lunas es parecida a la nuestra aunque en el horizonte tiene un color azul eléctrico y cuando está en el ecuador irradia ese color perla que me recuerda tu bello rostro… a tus promesas de madrugada.
Ha pasado ya tanto tiempo que no recuerdo como llegue a esta tierra que hierve y se congela en cuestión de instantes, los minutos dejan de tener sentido pues el tiempo parece aún más lento, producto quizás de estar tan cerca de ese agujero negro. No puedo verlo, pero sé que está ahí por los destellos (el último suspiro de las estrellas) que son irradiados cuando devora estrellas completas.
Hoy fui casi al centro de este planeta, está muerto. Hoy te recuerdo a ti y no puedo explicarme cómo es que después de tanto tiempo mi ser orgánico (tan frágil) aún guarda dentro de si esas conexiones que hacen de ti una imagen lógica y congruente dentro de este espacio que desafía las leyes de la física en aquel nuestro mundo.
Mi soledad es infinita, estás presente aquí conmigo en este maldito encierro, hace ya tanto tiempo que has muerto, dos mil setecientos años. Un eclipse ha ocurrido hoy, en el silencio perturbador un ruido inquietante surge en las lejanías y pronto termina, nunca existió. El horizonte sigue con el baile de las luces azul, verde, amarillo y a ratos rojo.
Viajaré al agujero con la esperanza de poder encontrarte, de verte una vez más. De ser uno mismo con el universo y en el proceso ver el origen de todo, por un attosegundo ser Dios, capaz de ver una galaxia entera entre bosones, crearla y destruirla. Matar el tiempo, fulminar la materia y crear un mundo para los dos y vivir por siempre.