Fíjense que encontré… ¿A quién engaño? Fíjate Josué que encontré un blog muy padre llamado “El blog de una mente enferma” un titulo adecuado quizás para lo que tú escribes y es sin duda un calificativo ideal para lo que ya sabes siempre he llamado “pretensiones” nuestras. Quizás sea porque su autor va en la UPIICSA y me identifico, y podría definir esta identificación como la sonrisa discreta que emano de mi rostro al leer la crónica de estar en el salón 210.
Y de ahí el desprendimiento sistemático… por cierto, este chavo también tiene un amigo llamado Josué y escriben otro blog que lo acabo de ver (igual muy padre) ¿Te das cuenta? Y ahora que lo pienso, es algo muy curioso, me refiero al hecho de tener ambos blog propio y de escribir uno en conjunto (uno muy chafa, hasta ahora, quizás después) y bueno tú de ESIQIE y yo de UPIICSA y piensas (me pregunto desprendiéndome de mi identidad) ¿Qué demonios podrán tener en común? O ¿Cuál es la chingada motivación? Y sabes no dejo de tener esa respuesta… pretensión.
En fin, esto me lleva a pensar, entender y de ahí (de nuevo) pretender formular una ley cuyo método científico nos saltamos para brincar de la hipótesis a la enunciación tal cual. Lo que une a los seres humanos y lo que hace a los amigos partiendo del entendido del concepto de la amistad, es la identificación sistemática de una serie de conceptos generales en primer lugar, y se refuerza esta relación (y en general otras más profundas como la relación de pareja, saludos Gerardo) con la afinidad de caracteres, sin embargo existe ese otro algo que fluye desde adentro y que nace como el big bang de los libros, se llama identidad.
Y la identidad surge del precepto de orden mayor, que agrupa, clasifica, instruye, otorga beneficios y obligaciones. Como los católicos, cristianos, mormones, judíos (cuyos preceptos son muy inflexibles) la elite política, las organizaciones sociales, partidos políticos, corrientes de pensamiento incluyendo los que se auto nombrar de “nuevo orden” etc. Y por qué no, de nosotros los politécnicos (o burritos como me dijeron hace poco, por cierto oigo “burro” y me acuerdo de la ESIME ¿Qué raro?) o de los siempre orgullosos de la UNAM de sangre azul y piel dorada, de los UAMeños o como decían cahUAMeros, etc.
En fin, es como volver a los orígenes, a nuestra esencia como seres orgánicos. Y claro, con las respectivas variables (infinitas) del comportamiento, de ahí que las relaciones humanas sean tan complicadas y ahora con la interacción tan profunda con esta tecnología tan compleja en funcionamiento y tan simple en estructura pues aún más.
Pero quién soy yo, sino sólo uno más haciendo lo que mejor se hacer, pretender.