Termino de día sin saber cuando empezó, o tal vez en un atardecer de marzo, o bien pudo haber sido en una mañana sin planes, vacía, sin futuro donde la incertidumbre realmente era lo más seguro. Lo más refrescante quizás es saber que te encuentras en tierras lejanas y que ya no eres una carga para mí… para nadie.
25 de Octubre 2008
Fue en una iglesia, y mientras el coro tocaba sus notas más agudas te reconocí, entregado en tus oraciones, entregado, dispuesto a pagar las culpas que atormentaban a tu corazón, me viste y no pudiste ocultar tu alegría, pero los tiempos eran otros, difícilmente imagine en ese momento lo que vendría después, sin embargo estaba dispuesta a hacerlo, en pro de mi familia, con el único fin que más tarde, muy tarde descubrirías.
Y me entregué en un viernes de copas, en un hotel barato, después de quedarnos de ver en aquella estación, en esa donde siempre, en esa… en ese nuestro lugar, en ese donde todos y nadie nos vio. Tomaste el teléfono y con tono de preocupación preguntaste por tus hijos, hipócrita, si a tu lado estaba yo besando tu cabello, y la culpa entonces te embargo y la seriedad en tu duro rostro se marco por esa expresión que aún me da miedo, de esa expresión muerta.
Y la burla dejo de ser tu preocupación, ahora era el dinero quien llenaba tu cabeza y tus noches de ansiedad, sí, recuerda esas malditas noches, esas cuando deseaste morirte por no encontrar la salida de aquel agujero en el que tus oraciones te metieron. Frente a la imagen de nuestro señor llorabas y rezabas, y pedías una respuesta, repetías sentencias que difícilmente algún día entenderás, siempre supiste que nunca te perdonarían, nunca.
Quisiste cómpralos entonces, con dinero como sólo tú sabías hacerlo, y nunca te diste cuenta que siempre necesitaron tu atención y que esa no se podía sustituir con simples monedas, pero tú no tuviste la culpa porque nunca te ensañaron a hablar, porque fuiste un sujeto expuesto a la dureza de la vida y al desprecio de su familia, nunca te mostraron amor.
Y aquel cuento, aquella fantasía que llamabas familia se desmorono a cada instante con cada una de tus acciones, en un efecto que nunca pudiste controlar, era tu destino y a el no le pudiste escapar; el desprecio de antaño entonces fue un amargo karma que hubiste de pagar, que pagaste, que estas pagando.
Porque en mis besos encontraste la salida de un callejón que no existía, encontraste el escape tal vez a una rutina, una que de principio era digna, sin corrupción, una que era decente y no una mierda coma la que te ofrecí. Fuiste un idiota y hoy te confieso el asco que me causabas, el desprecio que sentía por ti, en cada uno de tus detestables besos y tus asquerosos abrazos; nunca supiste mi verdadera intención, y fuiste ciego pero estuviste más sordo… te odiaba, tal vez porque llegaste muy tarde, o tal vez porque nunca, no por completo te pude tener.
Las imágenes que atormentaban tus sueños fueron preludio de un fin, de tu fin. Y entonces te di el golpe final… Y hoy estas solo, como el día en que empezaste a andar; solo, como el día en el que todo mundo te dio la espalda y nunca más volviste a llorar. Hiciste lo que dijiste nunca harías, y hasta ahí llego tu palabra, esa que decías era de honor. La vida se te acabo en un instante, tan sólo por un destello de placer; y en un parpadeo lo habías perdido todo, absolutamente todo.
Retrocede entonces el tiempo e irremediablemente vuelves a caer, sellaste ese tu pasado, para nunca jamás volver. Podría ser, quizás en otra vida.
El orgullo será el candado y la distancia será un gran muro; y apenas te encuentres en la puerta darás la media vuelta y te retiraras agachado. Ya a lo lejos veras a aquellos que te empeñaste en perder, y con lágrimas en los ojos volverás la mirada y tendrás la imagen de ellos, sonriendo, felices, en una bella postal contigo de nuevo; y con profunda melancolía descubrirás que es sólo un espejismo y entonces con todas tus fuerzas desearas todo eso, todo lo que algún día tuviste, a esa, a tu familia.
Mi alma hoy está atormentada, por todo lo que te hice, y aunque sé que es demasiado tarde, te pido perdón. Y mis noches son como aquellas que describías, son una constante tortura que no tiene un fin, con horror descubro que estoy pagando y hoy heme aquí arrepentida buscando enmendar lo que es in enmendable, pero es una empresa sin sentido, eso sería como regresar el agua al río. Y el reloj sigue su infalible marcha y con un eco estruendoso marca cada segundo con franca dureza, dispuesto esta el tiempo a cobrarme todos esos instantes que me robé, todos aquellos momentos que no me pertenecían.
Hoy, entonces haré una plegaria mientras el coro toca sus notas más agudas. Alzo mis oraciones al cielo para pagar mis culpas y aliviar mi corazón atormentado, entregada en esas sentencias que yo tampoco jamás entenderé. Volteo y esta tu sonrisa y sollozando descubro que no estas ahí, tan sólo es la imagen de mi vida vacía.
Te dije adiós, pero nunca se ira tu nombre. Y como la despedida de aquel primer día… ¡Que Dios te bendiga!